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Siempre me ha llamado la atención la dualidad en la que nos hemos construido o estamos inmersos, parece ser que vemos el mundo en términos de opuestos, de constrastes y complementos. Una de las dualidades más importantes en mi estimación es entre la energía femenina y la energía masculina. Es así como biológicamente llegamos a la vida, se unen dos energías que crean vida, un portal, que combinan sus esencias para crear un tercero, una descendencia, y entonces primariamente, somos también en base a esa dualidad, la tenemos dentro, somos producto de nuestro padre y nuestra madre de igual manera también a un nivel biológico. Pero siento que la dualidad va mucho más allá, nos hemos dividido también en características, tendencias, formas de ser que se asocian a una u otra energía. Actualmente esa polaridad se ha ido deconstruyendo progresivamente, en base a personas que no “calzan” con lo que supuestamente tendrían que ser cuando nacieron. Niñas de rosado y niños de azul, ha ido cambiando en la historia, y sigue en discusiones cuánto de nuestro género es “natural” y cuánto es “construido”. No se trata en este escrito de valorar eso, o discutir cuántas de nuestras características, tendencias, formas de actuar, intereses, etc. están dadas biológicamente o son aprendidos culturalmente. Lo que si me llama la atención es que seguimos asociando ciertas características a una polaridad u otra, un niño se considera más “femenino” que otro o una niña más “masculina” que otra por sus formas de ser. Tenemos esa tendencia, a ver energías femeninas y masculinas. Históricamente lo masculino se ha asociado a lo racional, a la fuerza, orientación a objetivos, al sol, luminosidad, orden, etc etc. Y la femeneidad a suavidad, sensibilidad, emocionalidad, misterio, oscuridad, luna, etc etc. Tampoco se trata de definir qué son cada una de esas energías, cada quien tendrá dentro de si lo que considera energía femenina o energía masculina. El objetivo de este escrito es más bien reflexionar sobre la alianza interna entre ellas, sobre la trascendencia de la oposición, del desequilibrio e incluso la lucha entre ellas, para que podamos ser más completos en nuestro interior. Esa unión interna se ha llamado matrimonio sagrado o hieros gamos. En nuestra consciencia, la idea del matrimonio sagrado, se trata de fusionar nuestras dualidades, contrastes, oposiciones, y especialmente de nuestra energía femenina con nuestra energía masculina, en una alianza equilibrada, que nos permita crear nueva vida, que nos permita ser en paz. Cualquier desequilibrio interno en eso, puede estar reflejando una herida, una lucha o una falta de honra a una energía u otra. Socialmente, en mi estimación, es la energía femenina la que ha sido más invisibilizada, desestimada, poco valorada o incluso ridiculizada. Las religiones más imperantes del planeta literalmente desaparecion la idea de la “diosa madre” en igualdad con el “dios padre”. El principio femenino de la existencia quedo relegado a un lugar secundario, de consorte, acompañante o ni siquiera fue nombrado como parte importante de la creación de este universo. Eso en mi estimación, no es así, y queramos verlo o no, nos impacta también psicológica y espiritualmente. Hay historias de abusos, de quema de brujas, y una dualidad enfrentada en ideas de mejor o peor. Hasta el día de hoy, mujeres o personas “femeninas” en ciertas partes del mundo son tapadas, apedreadas, excluidas, ridiculizadas o consideradas “débiles” despectivamente. Interiormente cada cual puede reconocer cuánto esto le ha afectado, tampoco se trata de hablar sobre lo que se ha llamado “patriarcado”, pero negar que ha habido históricamente esa desvalorización de lo que se considera como “energía femenina”, creo que sería no ver una parte importante de nuestra historia.
Creo que entonces parte de hacer este matrimonio sagrado, es recuperar la valoración interna de nuestra energía femenina, de poder considerarla como equivalente, como importante, como relevante en nuestra vida, en nuestra construcción de sociedad, en nuestra salud, educación, justicia, política, espiritualidad, etc. Y siento que necesitamos, especialmente mujeres o personas con más energía “femenina”, reconocer nuestras heridas, nuestra ira, nuestra sensación de inferioridad, de injusticia, para no negarla, para recuperar nuestra valoración y para poder tomar también internamente nuestra propia energía masculina sana en la construcción de nuestra vida. Para mi esta lucha interna, este desequilibrio o enfrentamiento, está también a la base de los desequilibrios externos en el mundo, de las enfermedades, las guerras y desigualdades, pero eso será parte de otro escrito.
El concepto de matrimonio sagrado es en realidad multidimensional, es un concepto esotérico y psicológico más complejo, se ha planteado en Tantra, en Jung, en misticismo, en “llamas gemelas”, y está a la base también de una integración entre espíritu y materia. Sin embargo, como todo concepto místico, creo que también está dentro de nosotros, y en mi estimación una primera aproximación es contemplar la realidad de que ya SOMOS eso, ya estamos unidos, somos la síntesis de esas energías, estamos aquí luego de que dos energías se juntaron, somos divinos y materiales, nuestra existencia ya es la síntesis de opuestos, la trascendencia de contrastes, somos energía y materia, y mientras más ampliemos nuestra mente, más podremos sostener la integración de esas polaridades, la comprensión de nuestras paradojas.
Emocionalmente, podemos también volver a la energía de nuestro padre y nuestra madre, a resolver las heridas de nuestra concepción, a los conflictos entre ellos, para reconocernos hijos e hijas de esta dualidad. Aunque haya sido en un sólo momento, ocurrió el milagro de que esos dos seres se juntaron para darnos paso a estar acá, en vida, asi tal cual como fue, y somos también la síntesis de ellos. Nuestra realidad psicológica también se ha construido en base a esa dualidad, a sus características y podemos reconciliarla para generar paz en nuestro interior, si es que no hubo paz entre ellos. Podemos preguntarnos por ejemplo, “¿qué admira la energía de mamá de la energía de papá? ¿qué admira la energía de papá de energía de mamá?” Podemos también abordar con constelaciones los temas que tenemos con ellos. Esto se puede empezar a realizar incluso sin conocer a nuestra madre o padre, incluso si nuestra relación con ellos ha sido traumática, si nuestra concepción ha sido poco convencional, o si tenemos padres biológicos y también adoptivos. Energéticamente es posible integrarnos, ver todas las energías que nos influyen y liberar lo que necesitemos liberar. Todo ha sido parte de nuestra historia, y esa reconciliación, ese asentimiento de lo que es, puede ser también un paso en que nuestra energía femenina y nuestra energía masculina, trabajen en conjunto en la creación de nuestra propia vida. Podemos con eso internamente ser también mediadores entre nuestra propia energía femenina y masculina, conocerlas y escucharlas en su forma más pura, qué dialogos tienen, se respetan? Más allá de cómo nos identifiquemos en nuestro género u orientación, este matrimonio sagrado interno, nos permitirá expresar quienes somos y tener todas nuestras habilidades y recursos internos más disponibles. Para procesos más profundos, estoy disponible.

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